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La importancia de la valoración de maquinaria, instalaciones y equipos

Valoración

Crear un negocio suele requerir, en la mayoría de las ocasiones inversión, tanto en activos inmobiliarios como en activos mobiliarios. Las inversiones no inmobiliarias suelen estar formadas por maquinaria, instalaciones y equipos, todos ellos bienes tangibles que, a efectos contables, tienen su catalogación dentro del “inmovilizado material”.

Este conjunto de activos se caracteriza por ser los bienes que posee una empresa para su uso, bien para producir bienes o servicios, para arriendo o fines administrativos o por la obligación de mantenerlos en su patrimonio por un periodo superior a un ejercicio económico. Debido a la movilidad de este tipo de activos, su metodología de valoración es distinta a la de la valoración de activos inmobiliarios.

A continuación una breve descripción de cada uno de estos grupos de activos mobiliarios:

  • Maquinaria: aparatos individuales o grupos de ellos que forman parte de una línea de producción y que son necesarios para desarrollar el proceso productivo o comercial de la actividad desarrollada.
  • Instalaciones: conjunto de activos combinados, redes de suministro, comunicación y energía, materias y retirada de residuos. Es importante diferenciar estas instalaciones de las habituales de cualquier edificación requeridas por el planeamiento urbanístico como infraestructuras (gas, agua, alcantarillado, electricidad); instalaciones propias de la edificación (calefacción, agua caliente sanitaria, climatización, ascensores y elementos y accesorios fijos (chimeneas, cuartos de instalaciones, acometidas).
  • Equipos: enseres, accesorios, utillaje, herramientas, mobiliario y vehículos necesarios para el adecuado desarrollo de la actividad.

    Respecto a la metodología de valoración de estos activos, en primer lugar tenemos que diferenciar entre:

  • Los activos que están vinculados solidariamente al inmueble y son imprescindibles para el desarrollo de la actividad, y
  • Activos específicos implantados para desarrollar una actividad concreta.

Los primeros han de valorarse como parte integrante del inmueble y el resto debe valorarse diferenciadamente atendiendo a si van a continuar en funcionamiento en su ubicación actual o si se van a trasladar.

La valoración bajo la hipótesis de continuidad de uso puede plantearse bajo dos supuestos:

  • Si la venta de la maquinaria se realiza conjuntamente con el inmueble, su valor quedará incluido en el valor del conjunto, que se determinará por capitalización de las rentas producidas por el negocio. A efectos de atribuir valor de mercado independiente a la maquinaria respecto de las edificaciones, se le atribuirá un valor en proporción a su coste depreciado con relación al coste depreciado del conjunto (inmueble más maquinaria).
  • En segundo lugar, si la venta de los activos mobiliarios se realiza de forma separada a la del inmueble y bajo el supuesto de traslado se debe considerar que el valor de mercado de cada elemento se corresponderá con el valor en el mercado de cada máquina, que sea recuperable, en el mercado secundario. Habitualmente, una parte de la misma como sus elementos de anclaje y conexión no son recuperables, requiriendo ocasionalmente incurrir en importantes costes para su desmontaje y transporte. Con gran frecuencia los costes necesarios y el escaso valor alcanzado en el mercado secundario no permiten más que contemplar su valor residual.

La valoración de maquinaria es importante pues es la base para constituir hipotecas mobiliarias conforme a la Ley 18/1998, de 13 de julio, de venta a plazo de bienes muebles

 
     
 



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